Casa del Pan, Venezuela


Un sábado en mi iglesia hubo una reunión de planificación por Asociación y llevaron todos los planes y programas a nuestra iglesia local, y uno de ellos fue poder tener en nuestras casas o iglesias una Casa del Pan (comedor comunitario) y mi amiga y hermana Iris y yo nos sentimos motivadas y emocionadas al saber que ambas teníamos el mismo deseo de ofrecerle a nuestros semejantes la posibilidad tener una porción de alimento para su sostén diario.

Pasó algun tiempo mientras continuabamos en nuestra visitaciones y estudios bíblicos con algunos amigos. Hasta que un día mi mamá me dió la gran noticia de que había hermanos y amigos fuera de nuestro país dispuestos a apoyarnos mediante sus donaciones para poder llevar a cabo nuestro sueño de comenzar un comedor comunitario.

Esta noticia me llenó de fe y gran alegría, incluso lloré de la emoción de darme cuenta de que Dios ya había estado obrando para cumplir el anhelo de nuestro corazón.

Nada ha sido igual desde aquel día 12 agosto cuando dimos apertura al Comedor Comunitario Betlehem, dónde estaban puestas todas nuestras energías, esperanzas y esfuerzos para que todo agradara a nuestro Dios.

Entusiasmados, comenzamos con la preparación de la comida con la ayuda de mi mamá (quien tiene uno de los mejores sazones del mundo) y junto con nosotras la hermana Iris, Alejandro y muchos otros como por ejemplo mis tíos y el pastor de nuestro distrito que se nos unieron como voluntarios dispuestos a ser nuestros ayudantes ya sea en la cocina, o buscando el mercado. Pero sobre todo felices de tener ese sentir que sí se puede hacer algo para dar a conocer el gran amor de aquel que dió su vida por nosotros: Cristo Jesús.

No ha sido facil, ¿y quién dijo que lo sería? Sobre todas las cosas, nuestras fuerzas y esperanzas se renuevan todos los días en Cristo Jesús nuestro buen amigo; desde tener que despertar muy de madrugada, pasar por la trocha*, llegar a la parada Colombia y tomar una buseta para llegar a Cenabastos, preguntar en todos los puestos y buscar precios de las verduras y hortalizas, granos y enseres para el comedor y luego acomodar todo en sacos y buscar un transporte para poder llegar a la parada y devolvernos a San Antonio Táchira, Venezuela.

Aunque no es muy fácil hacerlo, es poder unir nuestras oraciones al gran amor de Dios... "Amaras a tu prójimo como a tí mismo" y ¿saben? hemos podido llegar a diferentes personas desde niños de 5 años hasta adultos mayores, madres familia y trabajadores de la alcaldía quienes son vulnerables a tener solo una comida al día.

María es enfermera de profesión y una de las voluntarias Smiles en San Antonio del Táchira, Venezuela. Actualmente dirige el comedor comunitario La Casa del Pan Betlehem donde diariamente se entregan almuerzos para aproximadamente 70 personas, sin embargo los recursos aún son muy escasos pues La Casa del Pan depende al 100% de las donaciones de algunos amigos.


Ayuda a María a continuar dibujando sonrisas. Tu donación hoy puede asegurar la comida de un niño el día de mañana.




 *trocha:  Las trochas que atraviesan el río Táchira son la única conexión entre la ciudad colombiana de Cúcuta y Venezuela, y por esos pasos improvisados cruzan a diario miles de personas que necesitan ir de un país al otro.